LIRIO DE MAYO


"Por tu altivez invicta, por tu belleza extraña por el sereno ritmo de tu vivir augusto que lo servil no inquieta, ni lo vulgar empaña, te consagró mi patria por su blasón venusto".

La familia de las orquídeas, a la cual pertenece la flor de mayo (Cattleya trianae Lindl & Rchb. fil), es la más abundante, tanto en la flora de Colombia como en la flora mundial; se calcula que el número de especies es superior a 35.000. De hecho es la familia de plantas que exhibe las características más avanzadas desde el punto de vista evolutivo, motivo por el cual se encuentra en pleno proceso de diversificación, circunstancia que se ve reflejada en la abundancia y diversidad de especies.
 

La flor de mayo o catleya de Triana (Cattleya trianae Lindl & Rchb. fil), es propia de Colombia, pero alcanza a extenderse al territorio ecuatoriano. Por la vistosidad y notable tamaño de sus flores fue incorporada a los símbolos nacionales a partir de noviembre de 1936, para acompañar elementos tan representativos como el himno, la bandera, el escudo, la palma de cera y la esmeralda. Hasta entonces no se había pensado en una flor que identificara a la nación, y su designación oficial se produjo como respuesta a una solicitud de la Academia Nacional de Historia de la Argentina. Esta entidad, por encargo del Jardín de Plantas de la ciudad de La Plata, indagaba sobre las flores representativas de cada una de las naciones de América, con el fin de cultivarlas para ser exhibidas en su recinto. La Academia Colombiana encargó al médico, intelectual y naturalista Emilio Robledo la tarea de buscar la flor nacional por excelencia, y a él se debe su selección como emblema representativo del país. Robledo la sugirió con base en su extraña belleza, dado que en el pétalo central luce los colores de la bandera colombiana, que contrastan con el tono lila de los pétalos laterales y de los sépalos, así como por haber sido dedicada al máximo botánico colombiano de todos los tiempos. Aunque tan solo se incorporó a los símbolos nacionales en 1936, por su vistosidad y por sus características morfológicas, desde tiempo atrás había atraído la atención de no pocas personalidades. Por ello, resulta interesante comentar varios hechos que precedieron a su elección como flor nacional.

En desarrollo de la Expedición Botánica promovida y dirigida por José Celestino Mutis se prestó especial atención a las orquídeas; muchas de ellas fueran bellamente ilustradas y ocuparon un sitio destacado en los manuscritos y en el herbario; curiosamente la flor de mayo pasó casi inadvertida entre sus congéneres, aunque desde 1783 ya se hallaba plenamente identificada, como se puede deducir de los apuntes de Eloy Valenzuela, quien en la relación correspondiente al 17 de septiembre describe la flor y el fruto de la "flor de mayo o Epidendrum grandiflorum" con bastante detalle. La planta descrita por Valenzuela fue recolectada en los alrededores de Mariquita; su descripción se hizo sobre el material fresco y se prepararon los respectivos ejemplares de herbario; posteriormente se elaboraron dos láminas, una iluminada en acuarela atemperada y la otra monocroma y de manufactura un tanto diferente.

Ante la precaria información aportada por los documentos de la Expedición Botánica, para reconstruir la historia de la flor de mayo debemos avanzar ochenta años y dirigir nuestra atención a la Comisión Corográfica. El responsable de las tareas botánicas en esta importante empresa científica fue José Jerónimo Triana Silva. Este caballero, nacido en Bogotá el 22 de mayo de 1828 en el hogar del reconocido pedagogo José María Triana Algarra y de Josefa Paula Silva, y a quien posteriormente fue dedicada la flor nacional, fue un personaje polifacético; además de ser el más destacado de los botánicos colombianos, se destacó como médico, investigador, químico, promotor de nuevos productos, editor de obras oficiales y didácticas, funcionario oficial y cónsul de Colombia en París, cargo que desempeñaba cuando falleció el 31 de octubre de 1890.

En 1867, cuando Triana ya llevaba diez años de residencia en París, se preparaba una gran exposición universal y la Nueva Granada era uno de los pocos países que no habían preparado una exhibición para tal certamen. Triana, inflamado de espíritu nacionalista, consideró imperdonable permanecer indiferente ante dicha circunstancia y resolvió organizar un pabellón colombiano aprovechando los materiales de sus colecciones para presentar una muestra de productos naturales. Primero consiguió un espacio en el pabellón de Argentina pero no cupieron los materiales que había preparado, tras lo cual, y merced a su amistad con los organizadores, a quienes facilitó algunos materiales, logró un área mayor en el pabellón de Ecuador. Allí montó la exhibición, utilizando ejemplares de herbario de las especies útiles, muestras de maderas finas, cortezas, objetos hechos con fibras entretejidas, gomas, resinas, colorantes y plantas vivas.

En la exhibición se mostraban las amplias posibilidades de las hojas de iraca en la fabricación de sombreros, carteras, estuches y escobas; igualmente se presentaban las especies más útiles para la medicina y la industria. Excelente impresión daban las cortezas de quina de los géneros Cinchona y Remijia, así como las muestras de condurango y coca, especies de las cuales se presentaban completos análisis químicos en los cuales colaboraron Buisson y Arnaud. Para adornar el pabellón, el botánico ubicó estratégicamente una hermosa planta de la "Flor de mayo" que había cultivado cuidadosamente y que el día de la inauguración lucía cargada de flores multicolores. Entonces esta orquídea era una rareza en Europa. Durante el acto de apertura, Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo recorrieron la exhibición y la orquídea colombiana inevitablemente atrajo la atención de la emperatriz, quien propuso que tan vistosa planta fuese vendida posteriormente en un remate. Ella participó en la puja para obtenerla y la orquídea alcanzó la exorbitante suma de 18.000 francos, una gruesa cantidad de dinero que se destinó a obras benéficas. Gracias a las plantas exhibidas por Triana se destacó el nombre del país y la riqueza de su flora. Lejos estaba de su imaginación, cuando recorría los montes recogiendo plantas o cuando compraba objetos curiosos elaborados con balso, pauche, madera o fibras entretejidas, que merced a dichos materiales y a la vistosidad de una orquídea bautizada en su homenaje un día estaría en traje de ceremonia recibiendo de manos de una emperatriz europea un galardón en medio de los aplausos de los concurrentes. En efecto, le fue concedido un "Gran premio" consistente en una medalla de oro macizo con la efigie de Napoleón III, junto con un trofeo de porcelana que el botánico cambió por un bono de 5.000 francos que contribuyeron a aliviar su precaria situación económica.

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